Industrias y políticas culturales

El poder de los medios

Entrevista a Néstor García Canclini por Ivan Schuliaquer.

Enero, 2013.

 

El poder de los medios

Entrevista a Néstor García Canclini por Ivan Schuliaquer.

Enero, 2013.

 

Globalización

-La globalización que caracteriza al mundo en que vivimos, dice usted, no es ni la convergencia de la humanidad hacia un futuro solidario ni tampoco el proceso por el cual todos íbamos a ser homogeneizados. ¿Cómo define la globalización?

-La palabra clave es interdependencia: hay un aumento de la interdependencia y de la interrelación entre casi todas las naciones del planeta. Esta interdependencia creció en las dos últimas décadas, con desigualdad y concentración antidemocrática del poder económico.
Otro punto, que ya mencionaban hace diez años autores como el sociólogo Ulrich Beck, es que de entre las muchas globalizaciones –la económica, la política, la financiera, la cultural, la comunicacional, la de los poderes ilegales, o sea del narcotráfico o del secuestro de personas-, la globalización financiera parecería ser la predominante.
Desde luego, como se planteó varias veces, hay que ver a la globalización no solo como proceso empírico, sino también como cruce entre los modos en que se la imagina. No la imaginamos del mismo modo en Occidente y en Oriente, en el norte y en el sur, los indocumentados y los migrantes legales, los futbolistas, los gerentes y los políticos. En fin, hay muchos modos de imaginar, y esa dimensión que trasciende los procesos empíricos de la globalización aún es muy importante hoy y contribuye a que tengamos la sensación de que se realiza en mercados evasivos y opacos.
Esta interdependencia global poco transparente genera choques entre culturas e incomprensiones entre los que viven juntos en ciudades como Londres y Nueva York, donde hay más de cien etnias. En general, en estas megalópolis se da una confrontación que muestra grandes dificultades para vivir globalmente en espacios de convivencia cotidiana. También, la globalización muestra su opacidad y su carácter poco inaprensible en las expansiones de las grandes trasnacionales de la comunicación y en los fracasos de la interculturalidad.
Es interesante, me parece, comparar el modo en que se imagina y se habla de globalización hoy con las formas en que se hacía hasta hace una década. Por entonces, cuando surgían fracasos, tropiezos serios, descomposiciones en una nación, se las nombraba como locales. Se decía, por ejemplo, "el efecto Tequila" por México, el "efecto Tango" por Argentina o el "efecto Samba" por Brasil. Ahora, la debacle de la Unión Europea ya no tiene nombre nacional y revela las dificultades de la articulación regional que fue más consistente no solo en el libre comercio, sino en la integración cultural, política y de ciudadanía. Por otro lado, la situación europea manifiesta la magnitud regional y global del fracaso de un sistema socioeconómico en que todas las dimensiones se subordinan a la especulación financiera.
-La globalización, dice usted, "es un objeto excesivo e inmanejable" y para eso se precisan y son necesarias "narraciones y metáforas". Si hablamos de narraciones y metáforas, ¿qué rol juegan los medios de comunicación?
-La prensa, la radio, la televisión, esos medios de primera y segunda generación a los que distinguimos de las redes digitalizadas, juegan un papel muy significativo, pero lo hacen en contexto con otros dos tipos de actores, sin los cuales no se entiende lo que sucede con los medios. La situación sociocultural contemporánea es el resultado desestructurado de intersecciones entre tres tipos de actores o movimientos.
Por un lado, instituciones clásicas que reproducen modos de organización sociocultural surgidos en el desarrollo de las naciones modernas. Pienso en las escuelas, los museos, las dependencias que se ocupan de culturas populares o de medios audiovisuales en el Estado.
Un segundo tipo de actores serían los medios privados de comunicación. En todo el mundo, salvo en lugares excepcionales como China o Cuba, predominan los medios privados, algunos que eran públicos y fueron privatizados, que, en general, están regulados por legislaciones anacrónicas, de una etapa predigital. Otro rasgo condicionante del desarrollo de los medios de comunicación y de su influencia social es el hecho de que cada vez más están subordinados a lógicas económicas trasnacionales: la radio, la televisión, el cine, las editoriales, la prensa. Esto hace que sus intervenciones en cada escena nacional estén muy condicionadas por intereses privados que desbordan la competencia de los Estados nacionales.
Pero hay un tercer tipo de actor que es este conjunto disperso de comunicaciones en red: el correo electrónico, las redes sociales, que están disputando formas muy variadas de propiedad intelectual y reelaboran el sentido de lo público, lo privado y lo comunitario.
Hasta hoy no disponemos de una teoría sociocultural que abarque las integraciones, desarticulaciones y contradicciones entre estos tres modos de existencia social y comunicacional de la cultura. Entonces, es fundamental no aislar la problemática de los medios. Formo parte de la Asociación Mexicana de Derecho a la Información y veo que casi todos los especialistas, algunos que son de los mejores que hay en el país, tienden a privilegiar el papel de la televisión. No hay duda de que hoy su poder está relativizado por su interacción con comunicaciones en red, pero cuesta mucho incorporar a la agenda pública este nuevo tipo de circuitos, escenas, entornos digitales, que cambian el sentido de los medios.
Si en relación con el lenguaje audiovisual de los medios la globalización aparecía como un objeto inmanejable y difícil de organizar, ahora es mucho más escurridiza cuando las tendencias de la globalización son operadas por redes comunicacionales más descentradas, desestructuradas, que a veces también forman monopolios, como en el caso de Google, pero donde todavía hay una dispersión. Es posible que de aquí en adelante, por más que se organice y se legisle, vamos a tener que pensar estos medios no como campos culturales a la Bourdieu, sino como suelen hablar los jóvenes cuando se refieren a la situación de las culturas: como escenas, entornos, circuitos o plataformas en los cuales se desempeñan grupos organizados de maneras más precarias.
En fin, se necesita hoy una constelación de nociones para pensar el papel social de la comunicación, que se desplazó del lenguaje de los medios a otro tipo de procesos más heterogéneos.
-Y en el marco de la globalización, ¿qué condiciones debería cumplir hoy un proyecto político cultural y qué rol deberían jugar en él los medios de comunicación?
-Más que de un proyecto político cultural habría que hablar de varios. Diría, tajantemente, que, en la actualidad, cualquier política cultural monológica anticipa su fracaso. La pluralidad se ha vuelto no solo un objetivo utópico democratizador, sino un horizonte indispensable para atender la diversidad de demandas, a veces difícilmente coexistentes, en la misma sociedad. Y también para atender la diversidad de escalas: hay políticas que tendrán que funcionar más en una escala local, pero otras que solo son eficaces a nivel local, como las ecológicas o las que tienen que ver con los medios de comunicación, si a su vez toman en cuenta un horizonte más amplio, nacional y trasnacional.
En palabras del arquitecto holandés Rem Koolhaas, el objetivo debería ser trabajar en una escala small, medium, large y extra large. Las políticas culturales deberían moverse en esos distintos niveles, dando importancia específica a cada momento del espectro.
Los medios de comunicación, por su propia capacidad y vocación, tienden, organizados empresarialmente, a buscar una escala nacional y transnacional, pero también hemos visto la multiplicación de radios vecinales, televisoras locales o regionales. Hay una efervescencia -todavía casi siempre carente de leyes, de regulación, de sustento económico- que expresa deseos de diversidad insoslayables al encarar la constelación de acciones y políticas culturales.
Esfera pública
-Usted trabajó mucho sobre lo que sucede hoy con el espacio público y el espacio privado y escribió que "los medios absorbieron la esfera pública". ¿Qué es hoy el espacio público, qué es el espacio privado y qué sucede con internet en este marco?
-Las nociones de público y privado, sus mezclas, sus intersecciones, están en reelaboración. Por ejemplo, si pensamos lo público como lo común, que es una de las definiciones que viene desde la Escuela de Frankfurt, este concepto se reconfigura en el momento mismo en que se producen las grandes privatizaciones.
Ya hace una década que, sobre todo en las redes comunicacionales digitales de los jóvenes, se habla de lo procomún como de un espacio de reunión de saberes, información, entretenimientos, que deberían estar disponibles para que todos accedamos libremente. Se han desarrollado fórmulas variadas para este sentido de lo procomún: el creative commons que permite descargar con amplia libertad, pero no reproducir comercialmente. Está también un tipo de hackeo, o de descarga, que vulgarmente se llama pirata, pero que no es una simple transgresión de la esfera pública legal, sino un intento de ampliarla, de buscar un acceso más diversificado y socializado.
Las innovaciones tecnológicas en la comunicación han puesto en crisis los dos modos principales de propiedad intelectual: el copyright y la autoría individual. El primero, como la propiedad de una empresa sobre una película o un programa televisivo. El segundo, como derecho de propiedad sobre una novela por parte del autor. Me llama la atención cómo en las viejas discusiones sobre propiedad intelectual se dejaron afuera formas de propiedad comunitaria que quienes hemos estudiado las artesanías o las músicas populares hemos visto como significativas. Los artesanos no siempre firman sus obras porque entienden que es un producto comunitario. Algo similar sucede con las músicas tradicionales o folclóricas que aparecen como resultado de una creatividad colectiva. Estas ideas, que nunca fueron tomadas del todo en serio -aunque la Unesco nombró comisiones para estudiar y reconocer esas formas de propiedad comunitaria o de creatividad colectiva-, reaparecen ahora en el mundo digital.
¿Quién es dueño de lo que circula en la red? ¿Por qué los Estados, Google o cualquier otro actor se van a apropiar de los beneficios de la creatividad para lucrar y delimitar el acceso a quienes puedan pagar? Allí hay un debate nuevo sobre lo que se entiende por esfera pública. Lo tomo con este ejemplo de la propiedad intelectual porque me parece elocuente, pero también habría que repensarlo en términos de gestión del poder político cuando muchos movimientos autogestivos, por ejemplo el neozapatismo en México o los movimientos de las radios andinas en varios países -como Bolivia, Perú y Ecuador-, replantean la esfera pública desde lo comunitario y no desde el Estado.
Todas estas redefiniciones están muy abiertas. Es difícil trazar una delimitación rígida, incluso desde lo legal. Por ejemplo, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en la Argentina, que quizás sea la más avanzada que se ha desarrollado en América Latina, encuentra una manera transicional de resolver esto y admite tres formas de propiedad: lo público, lo privado y lo comunitario.
-En el mundo actual, cuando las ciudades y los países están más conectados que nunca por flujos comunicacionales y cuando en gran parte del planeta el uso de internet aparece cada vez más masificado, ¿la influencia y la importancia de los grandes conglomerados mediáticos tradicionales es más fuerte o más débil que antes?
-Los grandes grupos mediáticos siguen existiendo y se expanden. Pienso en Televisa, Globo, Clarín y en grupos con residencia principal en Europa como los de Rupert Murdoch o Bertelsmann. Todos tienen poder editorial en la comunicación audiovisual, pero hoy sufren las limitaciones de una reubicación digital de sus contenidos. En muchos casos tienen que comprar contenidos a Google, a otros actores digitales, o entrar en disputa por el uso de la información.
Pero si se compara la presencia social que clásicamente tenían, entre los cincuenta y los ochenta del siglo pasado, las cadenas televisivas, también las major de la música y del cine, vemos un debilitamiento y su necesidad de reubicarse en redes digitales que dan otro tipo de acceso y permiten una comunicación internacional globalizada e intercultural. Entonces, si quieren expandirse, como es la lógica de toda empresa, deben resituarse en un espectro mucho más amplio que ya no se controla del mismo modo.
Imaginarios
-¿Qué implicancias tienen los imaginarios, que funcionan como representación simbólica de lo que ocurre, sobre la organización de la vida social y qué vínculo puede establecerse entre imaginarios y medios de comunicación?
-Los imaginarios tienen que ver con lo que no alcanzamos a conocer y manejar empíricamente, con lo que necesitamos construir con representaciones simbólicas para situarnos con sentido en el mundo, con lo que nos atemoriza o desearíamos que existiera y todavía no encontramos. Se relacionan con la dificultad de conocer la totalidad de lo real y con la posibilidad de transformar lo social. Esto tiene importancia epistemológica porque muestra también los límites de las ciencias sociales, y por lo tanto de las ciencias políticas, para manejar lo social.
Por otro lado, la gestión de los imaginarios fue hecha a lo largo de la historia moderna, sobre todo, por las comunicaciones masivas, por los medios de comunicación y centros audiovisuales. Sin embargo, ahora estamos en una situación que escapa al proyecto moderno de abarcar totalidades y manejarlas a través de cierto control monopólico, como el de las grandes televisoras. Se ve en el desarrollo de las redes y de movimientos sociales disidentes que trastornan los órdenes totalitarios, aun en países con dictadura.
La actuación de los imaginarios como organizadores de la vida social, entonces, se nos presenta con la complejidad de que ningún imaginario, en la medida en que hay múltiples narrativas, puede dar una sola versión, una sola interpretación, ni sostener una sola apropiación del poder social. En países árabes que hasta hace poco parecían mucho más homogéneos, se muestra que ya no se los puede asociar mecánicamente con el islamismo: se desarrollan procesos de democratización, de emancipación de las mujeres, de actores sociales que estaban suprimidos.
El otro asunto que se debate en las ciencias sociales y en la filosofía es si el fuerte trabajo de condicionamiento sobre la vida social que tienen los imaginarios permitiría decir que todo es construcción o, en términos más extremos como los de Baudrillard, que todo es simulacro y no hay realidad. Esa posición no es sostenible. Por un lado, soy un constructivista, estoy muy dispuesto a reconocer la capacidad de configuración imaginaria de lo social que tienen tanto los actores políticos o comunicacionales como las teorías pretendidamente científicas. Pero hay formas de existencia, de consistencia de lo real, difíciles de subsumir en el imaginario. Por ejemplo: el dolor de los cuerpos, la materialidad de las interacciones sociales que no es reducible al discurso. En las represiones de las protestas sociales, de los movimientos disidentes, uno puede ver imaginarios que interactúan: los de los poderes estatales con los de los movimientos disidentes. Pero hay algo más: formas concretas de existencia, formas empíricamente verificables de distribución de los recursos económicos y simbólicos, que permiten hablar, con toda la relatividad necesaria, de realidades.
Entonces, la capacidad de organización de los imaginarios no es absoluta. Lo que en la historia social hay de imaginario y aún de simulacro interactúa con modos de existencia empíricamente aprehensibles.
-Hay una imagen que usted solía citar como metáfora acerca de cómo funcionaban los grandes medios de comunicación audiovisuales y su influencia sobre los imaginarios: la del periodista que junto con un camarógrafo y algunos policías muestran y describen la ciudad desde un helicóptero, como una imagen que se pretende totalizadora y que tiene efectos sobre cómo se organiza la sociedad porque, por ejemplo, marca dónde conviene ir, dónde no, ilumina ciertos barrios, invisibiliza otros. Es decir, describe cierta ciudad. Al mismo tiempo, para muchos es la única manera de conocer lugares por los que no circulan, aunque estén en la misma ciudad en la que viven. Estos relatos, ¿están en crisis a partir de la proliferación de medios digitales y de la masificación de internet o todavía ocupan un lugar central?
-A fines de 2012, en México, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) volvió al gobierno. El hecho de que el presidente, Enrique Peña Nieto, haya asumido en la Ciudad de México, que está gobernada por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y un conglomerado de partidos de izquierda, dio lugar a formas de resistencia, de impugnación y también de infiltración en las fuerzas opositoras muy complejas que hacen difícil distinguir a unas de otras.
Vimos en las redes sociales varios videos que muestran que además de los jóvenes organizados, sobre todo el movimiento #yosoy132 -de universitarios que impugnan al presidente-, hay otros jóvenes que aparecen desde el mismo lugar y que agreden con violencia a las fuerzas represivas al mismo tiempo que las cámaras registran que otros jóvenes, también vestidos de civil y con pelo muy largo, se meten entre las fuerzas policiales atrincheradas detrás de escudos. Ahí se entremezcla el ataque que hace la propia policía y el de las fuerzas rebeldes de crítica al nuevo presidente. En suma, es una estructura de interacción entre actores que no responden a un esquema binario simple.
En ese marco, los helicópteros sobrevuelan y, al mismo tiempo, vigilan y transmiten información a los que están sobre tierra. Y muestran de manera muy ostentosa, por ejemplo, a los policías fuertemente armados y protegidos por una vestimenta casi de ciencia ficción, en una doble imagen, en la que se podría pensar que protegen y amenazan.
Cito el caso de México, pero es fácil encontrar lo mismo en muchas otras situaciones. Cuando Estados Unidos invadió Irak y Afganistán se vieron escenas parecidas: ataques a opositores junto con ataques a escuelas, a lugares civiles que no estaban comprometidos en la resistencia. En fin, hay muchas situaciones internacionales en que se cultiva una incertidumbre de los significados de los comportamientos, tanto de las fuerzas públicas uniformadas, como de grupos que parecerían resistir. Esta complejidad de la distribución espacial y política de las fuerzas sociales vuelve la escena mucho más complicada.
Con esto quiero decir que mi vieja imagen, de hace más de una década, del helicóptero tripulado por policías y periodistas que daban información tranquilizadora sobre lo que sucedía a la mañana en la ciudad y era transmitido por la televisión que informaba "aquí hay un embotellamiento, aquí hay un incendio, vayan por tal otra calle", se ha vuelto un recurso mucho más multívoco y de muchos significados.
-A propósito de la multiplicidad de significados y su fusión, de lo que usted ha escrito en el libro Culturas Híbridas, me gustaría preguntarle si hay cambios en los procesos de hibridación de las culturas en momentos en que las distancias parecieran acortarse y en la que hay una multiplicación de dispositivos por los cuales uno puede sumar producciones propias, desde un celular o desde su computadora, a los flujos comunicacionales.
Luego de la publicación de mi libro, en 1990, creció el uso del término. Desde finales del siglo XX varias disciplinas y corrientes de análisis cultural adoptan la noción de hibridación para designar procesos creativos en las artes visuales y la literatura: la mezcla de recursos tradicionales y modernos, artesanales y tecnológicos, de culturas locales e iconografías transnacionales, cada vez más frecuentes, llevan a emplear este concepto para referirse a las combinaciones de repertorios estéticos heterogéneos. También para reconocer la importancia creciente de formas y géneros híbridos en la música, como el jazz, el reggae y las muchas fusiones del rock con música céltica, salsa, tango, etcétera. Su alcance desestabiliza aun los órdenes y clasificaciones con base biológica, como ocurre en la transexualidad. Se habla, asimismo, de la necesidad de una educación híbrida para concientizar a los niños sobre la creatividad multicultural y alejarlos del racismo. Se usa la expresión para coches que combinan la mezcla de energía eléctrica y combustión interna, gastronomías que fusionan tradiciones étnicas o nacionales y arquitecturas eclécticas como las que asocian en un mismo edificio, siguiendo la lógica del posmodernismo, estilos de épocas diferentes.
A diferencia de los debates clásicos sobre la homogeneidad vs. diferencias, la escena contempóranea incita –en vez de optar por una u otra- a considerar las zonas de intercambio. Interesa comprender cómo pueden hallar una base común y convivir practicantes de culturas diferentes que sólo en parte se hibridan. ¿Cuáles son las escenas donde esta reformulación del problema es más evidente? Las metrópolis o ciudades cosmopolitas, los puertos y las fronteras han sido en la historia típicos casos de intersecciones entre culturas que se mezclan. En la actualidad internet ha intensificado la coexistencia multicultural y aumentado los conflictos en todo el mundo. Como dicen muchos autores, en cualquier lugar experimentaremos las tensiones interculturales, cualquier sitio puede ser una frontera.
Las redes sociales
-Como estudioso de los jóvenes, los medios, las identidades, la política y la hibridación, quería preguntarle por el vínculo entre las redes sociales y los movimientos que aparecieron con fuerza en 2011, como Los Indignados, los estudiantes chilenos o La Primavera Arabe. También por el movimiento mexicano #yosoy132, que se formó en 2012. Todos respondieron a situaciones políticas, sociales, económicas, culturales e históricas diferentes y todos tuvieron resultados disímiles, pero todos se encontraron a través de las redes sociales. Es decir, los medios digitales parecieran haber reunido a gente que no lo hubiera hecho de otra manera, aunque, por supuesto, el momento definitorio de la movilización siguió, y sigue, estando en la salida a la calle. Entonces, ¿qué importancia tienen las redes sociales hoy para la movilización de los jóvenes?
-Es importante lo que señalás de la salida a la calle como complemento necesario de las redes sociales. Las redes sociales a veces son vistas, de un modo un poco ingenuo, como sustitución de los medios de comunicación o como contrapoder que va a disminuir inmediatamente la manipulación televisiva o de la prensa. A veces ocurre esto, pero las redes logran su eficacia siempre insertadas en tramas de interacción social, urbana, pública, física, que tienen mayor antigüedad. Es lo que marcaba antes: existe una escena sociocultural en la que hay instituciones antiguas, como los museos y las escuelas, medios de comunicación privados y comunicación en red digital.
No hay redes que sustituyan a los medios. En la valoración de los nuevos medios de comunicación aparece a veces un procedimiento interpretativo que impulsa a optar tajantemente. Cuando apareció el cine, se pensó que el teatro iba a desaparecer. Cuando surgió la televisión, se creyó que era el final del cine. Y, en definitiva, lo que hubo fue una reconfiguración de los medios clásicos por la emergencia de nuevos actores que no sustituyen, sino que interactúan y complejizan la escena comunicacional.
Respecto de los jóvenes como actores sociales, rebeldes, debemos tener en cuenta su diversidad. Aunque se parezca el modo de ser insurgentes, de salir a la calle, de comunicarse con celulares, no es fácil comparar lo que pasa con los jóvenes chilenos, con los jóvenes árabes, con los indignados españoles, con los ocupantes de Wall Street o con el #yosoy132 mexicano.
En el caso de los árabes, creo que tiene más que ver con la democratización, la lucha con jerarquías dinásticas y la concentración de poder y riquezas. En el caso de los chilenos, con el ahogo económico de las familias y la dificultad de asumir un futuro endeudado por el precio de la matrícula, incluso en las universidades públicas, y por lo tanto, con un cuestionamiento al conjunto del sistema educativo y al propio Estado. En España, también hubo un protagonismo de los estudiantes, pero con una ampliación a un espectro de desempleo joven mucho mayor. Se relaciona con el financiamiento del sistema educativo, pero hay otro tipo de problemática vinculada con el difícil acceso a la educación superior y los obstáculos para incorporarse al mercado de trabajo. Y en el caso mexicano, la indignación comenzó centrada en el regreso del PRI al poder presidencial, en represiones de las que fue responsable el nuevo presidente y en la manipulación televisiva. Principalmente, la de la empresa Televisa: el principal grupo de poder económico en la televisión y en otros medios.
¿Qué tienen en común todos estos movimientos? Creo que son evidentes las diferencias y es difícil unir a jóvenes de condiciones tan heterogéneas. Si hay algo en común, es el agotamiento de ciertas formas de autoritarismo y de organización del capitalismo. Esa parecería ser una tendencia difícilmente resoluble en pocos años.
-Respecto de las nuevas tecnologías y las redes sociales, hay una figura central que emerge en esta época: la del prosumidor, que reúne producción y consumo en él. ¿En qué consiste? ¿Qué incidencia tiene sobre los flujos comunicaciones y hasta dónde llegan los cambios?
-Se entiende por prosumidor a la figura del creador que, en realidad, es un recreador, un transmisor que modifica lo que comunica. Uno de los ejemplos es el DJ, que no crea de la nada, sino que toma música preexistente, la reelabora y la vuelve a insertar en una red. En esa comunicación, otros van a hacer ese mismo trabajo de reelaboración y comunicación una y otra vez. Existe también la figura del VJ, el equivalente al DJ en el campo audiovisual, que modifica escenas urbanas, que ambienta lugares de diversión con imágenes y repertorios musicales o de sonido o de diseño preexistentes.
Es un cambio muy radical del desarrollo cultural porque todavía la sociología del arte -o de la cultura o de la literatura- de fines del siglo XX hablaba de procesos de producción, circulación y consumo, recepción, apropiación de los bienes simbólicos, como si fuera una secuencia en que siempre se comienza por crear una obra, luego se la distribuye y al final se la recibe y se la apropia. Estos tres momentos están entremezclados. De ahí que haya surgido una continuación y una modificación de la figura del prosumidor y se hable del crosumidor: aquel que se pone en el cruce de disciplinas y de formas de expresión, de lenguajes, de maneras distintas de apropiarse de los bienes culturales.
La incidencia de estas nuevas figuras sobre los procesos comunicacionales es grande y en general está poco institucionalizada. Ya desde la época de MTV había figuras jóvenes en las pantallas que hacían este tipo de mezclas, de fusiones, de reorganización del saber o de los repertorios comunicacionales. Esto ya se volvió habitual, pero aún no sabemos cómo va a modificar las estructuras organizativas de la industria cultural.

 

 

La sociedad sin relato
-A lo largo de la historia, la política y los medios de comunicación pretendieron realizar narraciones globales y totalizadoras. Sin embargo, la contemporaneidad nos enfrenta a lo que usted denomina "la sociedad sin relato". ¿En qué consiste?
-No digo que no haya relatos, hay muchísimos. Lo que se perdió son las narraciones abarcadoras de un conjunto homogéneo, como podía ser la nación. Cada nación tenía un relato fundacional. A veces podía estar más basado en la escritura, como en la Argentina, otras más centrado en imágenes, como en México y otros países latinoamericanos, y otras en la música como soporte de la nacionalidad, como en el caso de Brasil. Y así se armaba, sobre bases culturales e historias políticas de batallas, héroes y próceres, un relato que se convertía en destino de la nación y en organizador de las diferencias. Seleccionaba diferencias étnicas y de regiones y establecía una construcción cultural compartida y un modo de representarse.
Hoy vemos, por la coexistencia multicultural en una misma ciudad de tantas etnias, grupos y tendencias -y además por la facilidad de interconexión con otras culturas-, que no hay relato que las abarque a todas y que nos dé una visión organizada de la convivencia. Por eso, algunos antropólogos, como Marc Abélès, dicen que pasamos de la época de la convivencia a la de la sobrevivencia: que los relatos ahora son más bien de cómo subsistir, de cómo arreglarnos en medio de este conflicto de narraciones e intereses en disputa. Esto tiene que ver también con la caducidad de las leyes nacionales que antes organizaban espacios territoriales, desbordados por el proceso de transnacionalización económica y cultural. Desde luego, esto hace mucho más difícil regular la vida social y darle sustentabilidad y duración.
-Eso se vincula también con algo que decía al principio de la entrevista: que hay leyes nacionales para un mercado mediático que converge con flujos comunicacionales globales que crecieron gracias a la desregulación de la circulación de capitales en los distintos Estados.
-Sí. Todo esto pone en evidencia que no podemos prescindir de la regulación política. Tal vez esta situación de descomposición dure unos cuantos años, pero estamos ante un final de época, debido a la inviabilidad de las formas de desregulación de los capitales impuestas desde fines del siglo XX.
La otra parte del asunto es que, junto con la necesidad de que Estados-nación y organismos internacionales regulen, el Estado debe facilitar la sustentabilidad y la autonomía de la autogestión social y cultural. Es interesante, si se toman algunos casos en América Latina y también en otras regiones, que ante procesos de destrucción y desintegración extrema como el que vivió Colombia en los últimos 40 años -por la guerrilla, los grupos paramilitares, el narcotráfico y la incapacidad del Estado de gestionar-, la reorganización de la sociedad se dio principalmente desde los alcaldes y la gobernabilidad de una ciudad -como en los casos de Bogotá o Medellín-. Hay regiones en otros países que aparecen buscando la autonomía, la autogestión social, económica y cultural. A veces esto es visto solo como desestabilización de los Estados nacionales, pero tal vez debamos reconocer una potencialidad de organización acotada, local, una posibilidad de manejar esta ingobernabilidad, o ingobernanza, desde nuevos actores y nuevas escalas de gestión y, por lo tanto, esto va asociado a nuevos movimientos sociales y narrativas que aparecen como modos de reorganizar el sentido extraviado.
-¿Cuál es el poder de los medios de comunicación?
-Los medios siguen siendo poderosos en situaciones particulares y, en cierto modo, en la construcción de estilos de receptores y de públicos. Basta ver los estudios sobre la conformación de estilos de espectadores de telenovelas o de otros formatos comunicacionales. Sin embargo, también hay una larga lista de ejemplos de medios que se propusieron hacer triunfar a un presidente y no lo lograron, por mucha inversión económica, publicitaria y diseño de mensajes que hayan hecho. Entonces, es un poder que interactúa con otras tramas sociales que se dan en la vida vecinal, en la escuela, en las redes presenciales, cara a cara, y en otras redes online.